Radiografía de

FIDEL MINGORANCE

MAPEAR UN UNIVERSO DE VÍCTIMAS: el mapa de puntos (#1)

El siguiente decorticado de este mapa de elaboración propia adquiere todo su sentido acompañando la lectura del Mapeado del universo de víctimas (paso 1), dándole a ese texto una mayor profundidad como práctica geoactivista. No obstante, funciona perfectamente de forma independiente como un pedagógico ejercicio de ayuda a la interpretación de mapas, aunque funciona aún mejor en lectura paralela con su mapa gemelo: el mapa de iconos (#2).

Sobre el mapa hay señalados algunos de los elementos sobre los que se quiere llamar la atención o brindar alguna información o reflexión. Pasa el cursor o dedo por encima de cada punto numerado para desplegar el texto explicativo correspondiente. Cada una de esas explicaciones está ampliada con mayor profundidad en el texto que sigue a continuación del mapa.

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El título del mapa es un elemento orientador importante. En este caso acota la temática y la temporalidad. ¡Se van a mapear personas que han sido víctimas de un crimen atroz!
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Dentro del territorio colombiano se han ubicado aleatoriamente 175.384 puntos. Cada uno de ellos representa a una víctima: ¡¡están todas!! En la radiografía de su gemelo, el mapa icónico, te explicamos de dónde surgió la idea.
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Los breves textos explicativos son fundamentales en un mapa de importante metarrelato pedagógico como este: ¡¡porque son más que puntos en un mapa!!
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Incluir algunos de los rostros de las personas desaparecidas forzadas es parte del corazón del mapa. Con esto se busca humanizar el cartografiado a la vez que se rinde homenaje las víctimas: ¡¡nunca conseguirán borrarlas!!
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Incluir sus nombres es igual de importante que incluir sus retratos en la simbólica de DESBORRADO de este mapa.
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La elección de las fotografías no tiene nada de azar y esta en concreto menos aún. Con Nydia Erika Bautista, su mamá, está Erik Arellana Bautista, a quien está dedicado este mapa : ¡Va por ti, hermano Cartopoeta!
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La lucha de Fabiola Lalinde ejemplifica a la perfección los procesos de dignificación, nombrado, humanizado, desborrado y memorialización de las víctimas que este mapa (y todo el conjunto de cartografías que lo acompañan) aspira a recoger y plasmar cartográficamente.
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A partir de una fotografía, un breve texto, un pequeño gráfico ilustrativo y un mapa en miniatura se explicita el proceso de transformación del mapa de puntos al mapa de iconos. Todo queda condensado ahí: de la imagen de Fabiola Lalinde al mapa simbólico del universo de víctimas de la desaparición forzada en el conflicto armado colombiano (1985-2016).
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Escala, fuentes utilizadas y autoría, tres elementos importantes que no deberían faltar en ningún mapa, pero que tampoco deben molestar ni ensuciarlo en exceso. Discretos pero siempre presentes… Es especialmente recomendable firmar el mapa para responsabilizarse por el contenido y elaboración del mismo.
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La narrativa de este mapa no necesita de elementos geográficos supérfluos… ni siquiera son necesarias la representación de las fronteras o los topónimos de los Estados vecinos, pero la desaparición forzada es un crimen de Estado (según su tipificación internacional) y por eso conviene delimitar las responsabilidades…
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Entre mapa de localización y etiquetado de océanos, mares y países vecinos, esperamos que todo el mundo sepa que se trata de un mapa de Colombia… porque es cierto que el topónimo «Colombia» no aparece en el mapa por ningún lado.
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Las islas del caribeño archipiélago están representadas a la misma escala que el resto del mapa. No se ven porque están cubiertas de desaparecido.as
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El título es uno de los primeros elementos en los que solemos fijar nuestra atención al mirar un mapa (sino el primero, aunque sea solamente durante fracciones de segundo). Un título claro y conciso facilitará la interpretación del contenido, especialmente si se trata de un mapa simbólico. No todas las personas que miren el mapa tienen por qué entender nuestro universo simbólico, así que no está de más cualquier ayudita… El título aquí elegido te cuenta qué es lo que vas a ver. En este caso se trata de víctimas del delito de desaparición forzada de personas en el contexto del conflicto armado y entre 1985 y 2016. Es un mapeo de personas: personas que han sufrido de la violencia política y del terror de Estado: personas invisibilizadas que visibilizamos trayéndolas de nuevo al mapa.

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La idea fundamental es poner a todas y cada una de las víctimas en el mapa. La importancia de que estén todas tiene que ver con la naturaleza específica de este crimen e incluir el subregistro se convierte siempre en el primer paso para combatirlo. Ahora bien, no se trata únicamente de que utilicemos la data existente más completa que, además, incluya el subregistro (por ejemplo, el estimado de 175.384 víctimas del crimen de la data de JEP-CEV-HRDAG) sino en convertir la representación cartográfica de ese único dato con valor ‘175.384’ para toda Colombia en 175.384 elementos con valor ‘1’. Así, una vez distribuidos por todo el territorio figurarán todas y cada una de las víctimas en el mapa.

La forma más práctica de hacerlo es la dedirigirse a tu SIG favorito y crear 175.384 puntos aleatorios dentro del polígono que representa el territorio colombiano, utilizando la herramienta de generación de puntos de muestreo que incorpora todo SIG dentro de sus herramientas de geoprocesamiento. Y eso es lo que hacemos habitualmente en geoactivismo, aprovechar para nuestros contramapeos de herramientas y metodologías poderosas independientemente de su utilidad de origen o su uso habitual.

Generación de puntos aleatorios en QGIS y ArcGIS Pro

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La simbolización de esos 175.384 puntos no es casual. Es probable o posible que la acumulación de miles de puntos de ese color, casi como agujeros negros o huecos en el mapa, consigan transmitir una cierta sensación de desasosiego a las personas que miren el mapa. Ese es sin duda uno de los objetivos en un mapa de víctimas de desaparición forzada como este, causar alerta y desasosiego. Pero el mapa quiere ir más allá y transmitir la idea de que las víctimas son más que puntos en un mapa. Eso queda expresado a partir de unos textos breves y concisos que, unidos mediante flechas, te conducen desde los puntos hasta los retratos… porque todo juega e influye a la hora de contarte ese relato implícito en el mapa que el texto ayuda a hacer más explícito.

Eso sí, estamos hablando de un mapa, así que los textos deben ser necesariamente cortos y concisos. Si tienes un texto largo e importante linkéalo en el mapa a partir de una URL escrita o de un código QR.

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Los retratos son una parte importante del corazón de este mapa. Sin ninguna duda son insustituibles a la hora de identificar claramente cuál es el sujeto cartografiado y desde qué lugar se mapea… o, dicho de otro modo, desde qué óptica o perspectiva o posicionamiento se ha pensado, diseñado y elaborado el mapa. Este tema será desarrollado con mayor profundidad en la radiografía de su mapa gemelo: el mapa de iconos.

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En la simbólica de DESBORRADO de este mapa es igual de importante nombrar a las personas como poner sus retratos. Tal y como se cuenta en el mapa, y de izquierda a derecha, en las fotografías aparecen Ángel Quintero Mesa, Antonio Camacho Rugeles, Erik Arellana Bautista junto a su madre Nydia Erika Bautista de Arellana, Pedro Julio Movilla Galarcio, Jesús «Chucho» Peña Marín, Amparo Tordecilla Trujillo y, en la parte inferior izquierda Fabiola Lalinde Castaño.

Todo.as son víctimas de desaparición forzada con la excepción de Erik Arellana y Fabiola Lalinde que, según el argot técnico de sus criminales victimarios (o sea, del Estado ya que en ambos casos los desaparecedores de sus familiares fueron agentes del ejército nacional), son víctimas indirectas de desaparición forzada*, por ser hijo y madre de personas desaparecidas forzadas.  Y Erik es también, además de «víctima indirecta», víctima directa de desaparición forzada en grado de tentativa. Afortunadamente se les voló en la tentativa y hemos podido contar con su presencia y con toda una trayectoria de lucha, poesía y arte transmedia.

*Apenas recientemente recononocidos porque la Ley de Víctimas (parágrafo 2 del artículo 3) no reconocía como tales a familiares de militantes declarados como enemigos por el Estado… ¡¡¡¡se trata de una auténtica ley franquista!!!

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Por supuesto que la elección de las fotografías no tiene nada de aleatorio ni de azar. Cada retrato se ha elegido en base a su significado para el mapa, para quienes mapean o para quienes se mapea. En este caso, además, se ha querido poner en el mapa a Erik Arellana Bautista, asociado de HREV y hermano cartopoeta.

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Los puntos 7 y 8 son la secuencia explicativa del paso del mapa de puntos al mapa de iconos. Nada mejor que un retrato de Fabiola Lalinde (que en la imagen está mirando un poemario de Erik Arellana) para recoger lo que quiere expresar este mapa, porque su lucha ejemplifica a la perfección los procesos de dignificación, nombrado, humanizado, desborrado y memorializado de las víctimas que este mapa (y todo el conjunto de cartografías que lo acompañan) aspira a recoger y plasmar cartográficamente. Quienes llegamos a conocerla (aunque fuese brevemente como en mi caso) no podemos no plantearnos determinadas cuestiones respecto a cómo hacer la representación cartográfica de víctimas de la violencia política y, especialmente, de la desaparición forzada. Como no tener presente, a la hora de elaborar nuestras cartografías, a Fabiola cuando afirmaba que: «Yo no demandé [al Estado] pensando en la reparación material, lo que quería era ponerlos a escribir el nombre de Luis Fernando Lalinde, pues a él lo enterraron como un NN, lo llamaron alias Jacinto». ¡Y vaya si lo consiguió…!

«Colombia, deuda con la humanidad 2: 23 años de falsos positivos 1988-2011» (Cinep, 2011, p.234)

Después de su titánica lucha y rotundo éxito para encontrar el cuerpo de su hijo y restituirle su identidad, nunca le habría podido decir a alguien como Fabiola que había reducido a Luis Fernando a un mero punto en un mapa como parte de una estadística numérica. O como decirle, por ejemplo, que debemos utilizar símbolos graduados o proporcionales (como círculos) porque eso sería «lo correcto» para simbolizar cantidades en un mapa si nos atenemos a las reglas de la semiología cartográfica. Imagino lo que habría dicho Fabiola frente a las reglas de la cartografía. De hecho, ella ya había contradecido a los peritos forenses, cuando le decían que el craneo de su hijo no podía estar loma arriba sino loma abajo porque eso iba en contra de las leyes de la gravedad, diciéndoles su histórica frase: «Lo que pasa es que en Colombia las leyes de la impunidad van incluso en contra de las leyes de la gravedad». Efectivamente, tras su insistencia e insitencia e insistencia encontraron el craneo de su hijo en lo más alto de la loma y, efectivamente, las leyes de la impunidad también van en contra de las reglas de la cartografía.

Cambiar la iconografía es el siguiente paso. Los puntos son sustituidos por un icono de reconocible representatividad y respeto hacia las víctimas de este atroz delito: el clásico retrato que acaompaña a sus familiares en marchas, plantones y homenajes. Con este cambio llegamos al objetivo final de nuestro mapeado del universo de víctimas.

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La escala, las fuentes de los datos/geodata utilizada y la autoría del mapa son tres de los elementos importantes que no deberían faltar en ningún mapa. Pero si los incluyes, tampoco deben molestar ni ensuciarlo en exceso: discretos pero presentes… Obviamente dependerá un poco de tu perpespectiva o posicionamiento frente a lo que deba ser o no cartografía →C y lo que para ti sea o no un mapa →M. Por eso, más que definir un listado de elementos que son «obligatorios» en un mapa, conviene aplicar un poco de sensatez y, sobre todo, adaptarnos a lo que queremos contar, a la narrativa del mapa que queremos elaborar. Por ejemplo, una «flecha del Norte» (o cualquier otra orientación cardinal) no tiene ninguna utilidad en un mapa como este (¿en serio al mirar este mapa no sabes dónde ubicar el Norte o el Sur?). Independientemente de todo lo anterior, sí considero que es especialmente recomendable firmar el mapa, para responsabilizarse por el contenido y elaboración del mismo. Es un tema ético y no técnico.

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La narrativa de este mapa no necesita de elementos geográficos supérfluos… ni siquiera son necesarias la representación de las fronteras o los topónimos de los Estados vecinos. Pero la desaparición forzada es un crimen de Estado (según su tipificación internacional) y por eso conviene delimitar las responsabilidades representando los límites estatales. Por otro lado, los miles de puntos, que simbolizan a las miles de víctimas, rellenan y delimitan perfectamente la silueta de Colombia. No obstante, para todas aquellas personas que no estén familiarizadas con la silueta del país, se han incluido los elementos 10 y 11 que, conjugados, sirven como referencia geográfica del área cartografiada. Entre el mapa de localización y el etiquetado de océanos, mares y países vecinos, esperamos que todo el mundo identifique que se trata de Colombia… porque es cierto que el topónimo «Colombia» no aparece en el mapa por ningún lado.

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Las islas del caribeño archipiélago de San Andrés y Providencia tienen que figurar obligatoriamente dentro de un marco si no están situadas en su ubicación real, tal y como ocurre en este caso. El marco está indicando la discontinuidad geográfica. Ahora bien, no es obligatorio ni necesario dibujarlas a otra escala para que aparezcan más grandes. En determinados mapas puede ser necesario o recomendable y en otros, como este, no. Aquí están representadas a la misma escala que el resto del mapa. Simplemente no se ven porque están cubiertas de personas desaparecidas, tal y como pasa con el área continental del país.