Mapeos mexicanos

Mapeos mexicanos

En México se está haciendo un geoactivismo bien interesante. Merece la pena hacer un breve recorrido por algunas de las iniciativas que se vienen publicando en la web.

Geoactivismo

Geoactivismo

Porque no es la proyección utilizada (ni el viejo Mercator) lo que le da un sentido político al mapa, es… el propio mapa. Un repaso a las dimensiones políticas del mapa. Del viejo Estrabón a Lacoste pasando por Rado/Dora o la Alemania nazi y del judo al geoactivismo.

Algunos comentarios sobre los mapas petroleros

Algunos comentarios sobre los mapas petroleros

Hemos comenzado el año publicando una serie de mapas sobre la explotación de hidrocarburos en Territorios Indígenas. Vamos a comentarlos con el ánimo de ayudar en su interpretación… porque un mapa se interpreta.

Un mapa se mira, se observa, se lee y se interpreta. Claro que no es algo estrictamente obligatorio pero así puede hacerse, siendo precisamente por eso por lo que cada cual podrá extraer diferentes informaciones de la lectura de un mismo mapa, dependiendo de sus conocimientos e intereses en el tema. Para ayudar en la lectura de estos mapas vamos a aportar unos comentarios que esperamos puedan ser de utilidad para los y las potenciales lectoras de los mismos. Cualquier comentario será muy bienvenido.

Ummm…vale, pero ¿y la imagen que ilustra esta entrada en el home?

Ah sí, es lo que veo desde el sábado pasado cada vez que me asomo por la ventana. ¿Bonito, no?

Pues sí, pero… ¡que frío!!!

Claro que dentro de casa no hace ese frío… porque hay calefacción alimentada por una caldera… que consume… gas…

Efectivamente, el autor de los mapas es un consumidor de hidrocarburos común y corriente. Sí, al igual que una (cada vez mayor) parte de la población planetaria, vivo inmerso en una sociedad terriblemente energívora. Esto es precisamente lo que me hace plantearme de forma crítica muchos cuestionamientos en torno a la energía y el modelo energético hegemónico en el que estamos inmersos. También me hace consciente de lo que significa energía barata/energía cara o de lo que significaría un desabastecimiento repentino de hidrocarburos (je,je,je, se imaginan con toda esa nieve fuera); no es la mía una mirada ingenua. Además, puedo añadir que el autor de los mapas sabe también lo que significa vivir en una ciudad petrolera (residí unos 7 meses en Barracancabermeja, respirando día y noche los efluvios petroleros que excreta la omnipresente refinería, la mayor de Colombia, y conociendo de primera mano sus luchas sociales) y conoce muchos de los territorios que mapea y de los Pueblos que los habitan.

Creo que es relevante destacar esta doble experiencia como consumidor -o sea como participante de la cadena económica- y como observador de los impactos que causa la industria petrolera. Este hecho influye enormemente en mi visión a la hora de tratar el tema y elaborar los mapas.

En fin, me parecía interesante comenzar así una temática tan amplia y compleja como la de la energía para destacar, por ejemplo, que el hecho que más me sigue sorprendiendo de todo este tema es el altísimo grado de desconocimiento que tienen la gran mayoría de los consumidores de energía sobre la misma; sobre su costo; sobre su procedencia; en fin, sobre el modelo energético. Compruébalo, hazte las preguntas… por supuesto que sabes lo que pagas de gas, electricidad o gasolina, pero ¿sabes cual es su costo de extracción, de transporte y transformación?, ¿conoces realmente cuál es tu consumo?, ¿sabes quién fija los precios y por qué?, ¿distingues entre energía y electricidad?, ¿sabes quién gana y quién pierde con el mercado energético?, ¿sabes qué efectos se causan en las zonas de extracción para que nosotros podamos viajar o tener la energía en nuestro hogar? (y así yo poder escribir estas líneas y tú poder leerlas en tu pantalla).

Los siguientes mapas no te aclararán todo esto pero quieren llevar tu atención hacia uno de los segmentos de esa cadena de la producción de energía. El objetivo comunicativo de los mapas es claramente ese.

Hidrocarburos y territorios indígenas

Los mapas dibujan e interpretan una de las partes del sistema energético actualmente hegemónico: las áreas de extracción de hidrocarburos. Y lo hacen poniéndolas en relación con algunos de los Territorios Indígenas, por ser éstos parte fundamental de uno de los colectivos afectados muy duramente por este extractivismo tan voraz.

El primer mapa que elaboramos en este 2015 no es un mapa nuevo, es la actualización -su versión nº 8- del mapa de la Colombia petrolera y los Territorios Indígenas.

mapa de la Colombia petrolera y territorios Indígenas en diciembre 2014

Como cualquier mapa de este tamaño -formato A4- y a esta escala -una escala nacional en la que se representa todo el territorio continental colombiano-, nuestro mapa no puede entrar en muchos detalles. Esos detalles es poco probable que aporten información relevante y además, se corre el riesgo de distraer al lector del objetivo principal del mapa, añadiéndole «ruido» visual al mismo.

¿Y cuál es el objetivo principal de este mapa?

El mapa pretende mostrar el grado de invasión -o sea, de superposición- de los bloques petroleros sobre los Territorios Indígenas. Todo ello de un simple vistazo. Nada más y nada menos.

Así, la propuesta cartográfica pretende básicamente que puedas identificar el grado de afectación petrolera del conjunto de Territorios Indígenas en Colombia con una simple mirada. Para ello se han utilizado dos categorías:

leyenda

  1. Todos los Territorios Indígenas de los que actualmente tenemos cartografía. Están representados en un rojo toscana, color intenso y de buen contraste, que les da una buena visibilidad en el mapa.
  2. Todos los bloques petroleros, a 29 de diciembre de 2014 (ANH), ubicados encima de la capa de territorios y con una transparencia del 40%. Esta semi-transparencia permite que la capa de bloques petroleros (que está encima) no oculte la capa de Territorios Indígenas (que en el SIG está colocada debajo ), simplemente le atenúa su color.

Esta combinación de capas, colores y transparencias nos permite identificar de manera rápida e intuitiva qué Terrritorios Indígenas están afectados por los bloques petroleros y cuales no. Sencillamente, aquellos que se mantienen de color rojo toscana están libres de la industria petrolera porque no se solapan con ningún bloque de hidrocarburos.

afectados

Como puedes ver, todos los bloques petroleros se han tratado como una sola entidad. No se distinguen los bloques que están en explotación de los que están en exploración o de los que no están licitados todavía. Distinguir las diferentes categorías de bloques (los diferentes tipos o el estado de los contratos) dificultaría mucho su lectura; habría demasiados colores y se perdería el principal objetivo comunicativo de nuestro mapa.

¿Y se podría hacer un mapa diferenciado los tipos de bloques petroleros y diferenciado también los distintos Territorios Indígenas?

Claro, pero debería ser un mapa bastante más grande que el nuestro. Tienes un ejemplo perfecto en el mapa de tierras que publica periódicamente la ANH (¡cuidado! la agencia estatal de hidrocarburos boliviana también se llama así). Si descargas el mapa en formato PDF podrás comprobar que su paginación corresponde prácticamente a la de un formato A0 (o un Arch E). ¡Necesitaríamos  aumentar 16 veces nuestro mapa en formato A4 para hacer uno igual de grande! El mapa de tierras de la ANH es un mapa inventario que necesita repertoriar todas las áreas de hidrocarburos, y de ahí su mayor tamaño y su mayor grado de detalle.

Mapa inventario de la ANH. El mapa on line está perfecto para hacer consultas (Gesoservidor ANH)

Mapa inventario de la ANH (en formato PDF)

 El  mismo mapa en versión on line está perfecto para hacer consultas (Geovisor ANH)

El  mismo mapa en versión on line está perfecto para hacer consultas (Geovisor ANH)

En cambio, nuestro mapa tiene otro objetivo comunicacional muy distinto, que es el de mostrar de manera sintética el impacto que tiene la ‘Colombia petrolera‘ sobre los Territorios Indígenas. Podríamos entenderlo como la visualización de la mancha petrolera que cubre los Territorios (me gustó el simbolismo de derrame, de mancha petrolera).

Esa «mancha», que llamamos ‘Colombia petrolera’, es el área total de operaciones de la industria petrolera en Colombia. Y como estamos tratando sobre impactos, nuestra mancha incluye necesariamente todos los bloques petroleros, porque hasta las áreas de hidrocarburos sin licitar impactan en los territorios y sobre sus habitantes. Su impacto es diferente del que causan la exploración, la extracción o el transporte de hidrocarburos pero no por ello es menos real. Es una cuestión de especulación de tierras con potencial presencia de hidrocarburos. Especulación de tierras que, en Colombia, está muy asociada a la violencia armada, el despojo y el desplazamiento forzado de millones de personas.

Finalmente, para tener una imagen general de la Colombia petrolera hemos incorporado también al mapa la red de transporte de hidrocarburos (oleoductos, gasoductos, poliductos) porque su geometría nos puede enseñar bastante sobre la orientación de esta explotación. El flujo de los hidrocarburos hacia los puertos marítimos nos dice algunas cosas sobre el carácter extractivista (aquí en el sentido de Gudynas, orientado a la exportación) de este megaproyecto.

Fidel

Cuando Mercator era comunista

Cuando Mercator era comunista
El mapa es un artefacto político #2

En tiempos de la posmodernidad ya se ha de-construido lo suficiente el mapa y su lenguaje implícito (y explícito) como para no reconocer la estrecha relación y el gran amor que profesa el poder hacia los mapas y hacia cualquier manera de influenciar la forma que tenemos de percibir el mundo.

geografía el roto

Genial viñeta de ‘El Roto’. Como siempre, metiendo el dedo en el ojo….

Por eso siempre resulta tan apetitoso acudir a la controversia de Peters cuando tratamos sobre la naturaleza de los mapas y sus relaciones con el poder. Y además de pertinente, resultará enormemente pedagógico y muy lúdico hacer un simple ejercicio de comparativa entre, por ejemplo, el tamaño real de Groenlandia y África con el que resulta tras proyectarlos en el mapa en Mercator. Sin duda, será muy ilustrativo de lo poco adecuada que resulta esta proyección como imagen global del mundo, o por lo menos del mundo tal y como lo percibimos en estos inicios del Siglo XXI.

El problema suele aparecer cuando se quiere ir mucho más allá de lo que el ejercicio realmente permite o cuando se acaba en el usual y abusivo carrusel de simplificaciones groseras y extrañas argumentaciones que tanto abundan en algunos artículos, foros y debates sobre el tema que se pueden encontrar fácilmente en la web (basta con teclearle «controversia Peters Mercator» al ojo-que-todo-lo-ve, o sea Google, para poder encontrar bastantes e ilustrativos ejemplos). Cayendo en esto, el pedagógico y útil ejercicio se desvirtúa convirtiéndose en casi una caricatura. Así, podemos acabar descubriendo que Mercator era algo así como un alemán malo-malote, imperialista y colonialista que puso Alemania en el centro del mapa y dibujó la colonial Europa de un tamaño muy superior al de sus colonizados africanos, asiáticos y latinoamericanos, a los que hizo muy pequeñitos y además los puso abajo…y si no era todo eso, por lo menos era un tecnócrata gris que colaboró en que eso fuese así y en cambio San Peters nos abrió los ojos a la manipulación imperialista de los opresores de los pueblos. Los del «otro bando» tampoco se quedan cortos y nos acaban descubriendo que Mercator era algo así como un sabio insigne e íntegro pro-hombre de ciencia que ayudó a iluminar el progreso de la humanidad y el avance inexorable de la civización.. y si no era eso por lo menos fue el padre de la cartografía moderna y en cambio Peters era un desvergonzado demonio comunista conspiranoico que copió descaradamente la proyección de Gall y la patentó ganado muchísimos royalties cuando al fin y al cabo no tenía ni idea de matemáticas ni de proyecciones cartográficas y acabó engañando a la ONU.

Si lo que queremos es trascender un poco este tipo de debates, si no queremos repetir argumentos a modo de consignas políticas ni tampoco queremos acabar haciendo algún delirante chiste de lo imperialistas que resultaron ser los pingüínos que viven en Groenlandia (¿lo pillan? ja,ja,ja), debemos enfocar de manera diferente nuestro nudo argumentativo. Y para ello, resulta especialmente útil desligar un poco los argumentos de los personajes de Mercator o Peters, ya que finalmente esto no nos aportará mucho en el análisis y, en cambio, distorsionará terriblemente el discurso.

Así pues, atribuirle a Mercator, por ejemplo, que hiciera más grande a la imperialista Europa, a costa de empequeñecer las tierras que colonizaba a sangre y fuego, para así justificar el colonialismo europeo está totalmente fuera de lugar. No era eso lo que buscaba el flamenco (pues no, no era alemán) y no era para eso para lo que ideó su proyección. De hecho, Gerardus Mercator (o Gerard Kremer) tuvo una vida bastante más atribulada de lo que algunos de sus críticos imaginan. Incluso hizo un mapa, en proyección cordiforme, susceptible de ser acusado de subvertir el orden religioso imperante en el Flandes de los años ’40 del Siglo XVI. Y así fue. Tras la caza de herejes desatada en 1544 por las muy católicas autoridades Habsburgo, Mercator acabó en prisión siendo juzgado por herejía. Si bien salvó la vida y fue finalmente liberado, acabó exiliándose en Duisbourg (esto sí es Alemania) donde en 1569 haría su famoso mapa (fama posterior a su muerte y que él no llegó ni a atisbar).

En fin, acusar al cartógrafo flamenco de ser etnocéntrico tampoco servirá de mucho. ¡Claro que era etnocéntrico! Tanto como lo han sido todos los hacedores de mapas a lo largo de la historia y en cualquiera de las culturas o latitudes habitadas por humanos (Yi-Fu Tuan, 1974). El pecado no es que Mercator fuera naturalmente eurocéntrico, el pecado es pretender que un mapa elaborado desde un entorno concreto, Europa, y para una función determinada, la navegación marina, se convirtiese en “LA” representación universal y “correcta” del mundo.

La proyección de Mercator deforma progresivamente la forma de las tierras emergidas conforme te acercas a los polos, y esto tiene más que ver con la geometría que con el imperialismo cartográfico. El problema no reside en las distintas proyecciones cartográficas sino en el uso que se hace de las mismas, o mejor aún, en un uso inapropiado de ellas. Cada proyección se ha concebido para un uso concreto.  Es de sobras conocido que la proyección de Mercator se concibió con la idea de facilitar la navegación marina, ya que permite trazar el rumbo constante entre dos puntos a partir del trazado de una línea recta, la famosa loxodrómica.  Simple cuestión de utilidad o uso apropiado. Cuatro décadas después de la controversia de Peters, encontraremos muy pocos disensos relativos a lo poco adecuados que resultan los mapas en proyección de Mercator para la ilustración de textos escolares o como representación de la totalidad del planeta.  En cambio, nos encontraremos irremediablemente con esta proyección si utilizamos cualquier aplicación de mapas en línea desde internet. Efectivamente: Mercator rules!

Y llegados a este punto tal vez resulte de interés aterrizar el tema con un ejemplo concreto. Podemos observar atentamente el siguiente mapa, en proyección Mercator, publicado en 1930 por Alex Radó.

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Rado, Alex (1899-1981) -Atlas fur Politik Wirtschaft Arbeiterbewegung; I der Imperialismus (1930)

O este otro del mismo autor y también en proyección de Mercator. Su sesgo político es bien evidente, cosa que no nos debe extrañar si pensamos que Radó fue el legendario espía Dora; quien por ejemplo informó a los soviéticos desde Suiza de cuándo y cuantas divisiones nazis iban a atacar la Unión Soviética; quien tuvo que huir perseguido por la Gestapo y cuya familia fue diezmada por los nazis; quien después de la guerra fue deportado al Gulag por Stalin; quien finalmente sobrevivió a Siberia y fue rehabilitado por el régimen, siendo considerado un renombrado cartógrafo y comprometido hombre de su tiempo.

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«La gran potencia proletaria – La Unión Soviética»

Karl Schlögel (2003) nos cuenta respecto a los mapas de Radó que

en 1924 publica en una renombrada editorial de Braunschweig, Wetermann, el primer mapa político de la Unión Soviética, donde se instala ese mismo año y prepara una guía de viajes de la URSS que aparecería en 1925 en alemán e inglés y habría de servir de «Braedeker rojo» a toda una generación de fellow travellers. (…) Karl Haushofer, el «padre intelectual de la geopolítica», comparó una vez los efectos de la guía de la Unión Soviética de Radó a la película de Eisenstein El Acorazado Potemkim, porque alcanzaba a extensas franjas de población que nada tenían que ver con el bolchevismo. Otro geógrafo cercano al nacionalsocialismo, Max Eckert-Greifendorff, reprochaba a Radó que al aplicar la proyección de Mercator a su mapa de Rusia había hecho «aparecer la extensión del Imperio soviético aún más importante de lo que ya era por naturaleza, por demostrar y acreditar así también en forma externa el poder abrumador del bolchevismo en la Tierra».

¡Vaya una sorpresa! ¡Se puede utilizar la proyección de Mercator para realzar y hacer más grandes a los bolcheviques! ¿Será que podremos acusar a Mercator de haber sido comunista?

Confesando que quien escribe estas líneas puede caer habitualmente en cierto sesgo «estructuralista» que suelen/solemos compartir quienes se ocupan de la defensa de derechos (evidentemente se busca siempre el victimario, o sea a quien ejecuta o viola el derecho, pero siempre se va más allá y se busca al responsable político o a quien da la orden de ejecución en la sombra, se busca también a quién o quienes financian a los victimarios y en fin, se busca toda la cadena de beneficiarios activos o pasivos de la violación cometida: se busca una estructura completa), es difícil meter en el mismo saco a Mercator, a los bolcheviques o a los imperialistas victorianos que decidieron que el meridiano central pasaba por Greenwich. Mercator me hace pensar en Kaláshnikov…

¿Prohombre de ciencia y padre de la cartografía moderna o tecnócrata gris al servicio del poder imperial y colonialista europeo? Tanto da. Quedarse en ese debate es alejarse del centro de la cuestión, ya que la pretensión de universalidad de los mapas en proyección Mercator- y de que el mundo no solo es así sino que debe representarse siempre así- no se le puede achacar al propio Mercator.

En cambio, resultará sumamente interesante buscar mayor fuerza argumentativa en los discursos críticos que atacan “la colonialidad del poder y del saber” (que diría Anibal Quijano). Así, se puede ir directamente al centro de la controversia sin pasar por las descalificaciones al cartógrafo flamenco ni por los argumentos (a veces un tanto… ummm ¿qué?) de Arno Peters. Boaventura de Sousa Santos lo disecciona muy bien:

La espistemología que confirió a la ciencia la exclusividad del conocimiento válido se tradujo en un vasto aparato institucional –universidades, centros de investigación, sistemas expertos, dictámenes técnicos- que hizo más difícil o casi imposible el diálogo entre la ciencia y el resto de saberes. Sin embargo, esta dimensión institucional, a pesar de ser crucial, quedó fuera del radar epistemológico. De este modo, el conocimiento científico pudo ocultar el contexto sociopolítico de su producción que subyace a la universalidad descontextualizada de su pretensión de validez (Santos y Meneses, 2014).

Si a estas sugerentes ideas se le suman, por ejemplo, unas gotas de un discurso como el de J. B. Harley, y su de-construcción del mapa de inspiración foucaultiana/derridiana, se obtendrá una poderosa batería de argumentos apta para abordar la colonialidad subyacente en la cartografía occidental.

Referencias:

BROTTON, Jerry. Une histoire du monde en 12 cartes.  Paris: Flammarion, 2013.

HARLEY, J.B. La nueva naturaleza de los mapas. Ensayos sobre la historia de la cartografía. México: Fondo de cultura económica, 2005.

SANTOS, Boventura de Sousa, MENESES, María Paula (eds.). Epistemologías del Sur (Perspectivas). Madrid: Akal, 2014.

SCHLÖGEL, Karl. En el espacio leemos el tiempo. Madrid: Siruela, 2007.

TUAN, Yi-Fu. Topofilia. Melusina, 2007.

El mapa es un artefacto político 1                                                                                                                   El mapa es una artefacto político 3→

El mapa en tiempos de Google Maps…

El mapa en tiempos de Google Maps…
El mapa es un artefacto político #1

Hace más de dos años, comenzamos a preguntarnos desde otramérica sobre la naturaleza de los mapas y sus relaciones con el poder. En aquel texto acabábamos lanzando una serie de cuestiones sobre las que queríamos reflexionar y a las que no les dimos continuidad:

Tal vez podamos avanzar algunas respuestas, pero por el momento, lo que queremos es poner las preguntas. ¿Qué representan los mapas? ¿Qué tan reales son? ¿Mienten los mapas? ¿Al servicio de quién o de qué están?  En las próximas entradas seguiremos tratando estas cuestiones y, aunque no sea estrictamente necesario leer a Brian Harley para poderlo hacer, ¡es altamente recomendable!

Ha llegado el momento de continuar ese hilo temático. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que comenzar reflexionando en torno a las proyecciones cartográficas?

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Imagen: NASA

Porque los tiempos cambian…

Hace ya cuarenta años que Arno Peters presentó su proyección cartográfica como crítica a la habitual representación del mundo mediante la proyección de Mercator. En aquel momento (1974), la controversia planteada por Peters tuvo una gran repercusión mediática que acabó provocando una intensa discusión científica, técnica, ideológica y política en torno a la naturaleza de los mapas y sus relaciones con el poder.

A pesar de la revolución tecnológica de las últimas décadas, que sin duda ha modificado enormemente nuestra visión del mundo, y a pesar de lo manido que pueda ya estar el debate sobre las proyecciones cartográficas, los ecos de esa controversia siguen resonando todavía. Tanto, que sigue siendo habitual que desde perspectivas de pensamiento contra-hegemónico se acuda a la controversia de Peters para ilustrar cualquier temática referida a la representación cartográfica o a los mapas. La crítica a la proyección de Mercator se convierte así en un ejercicio casi obligatorio en cualquier discurso contra-hegemónico que se precie.

Esto no tiene nada de extraño ya que podemos utilizar muchos de los argumentos esgrimidos en la controversia para desarrollar un excelente y muy pedagógico ejercicio sobre representaciones cartográficas, propaganda política y poder colonial. Al fin y al cabo, “el verdadero tema en el caso de Peters es el poder; no cabe duda de que lo que Peters pretendía era investir de poder a las naciones del mundo que él pensaba que habían sufrido una discriminación cartográfica histórica. Sin embargo para los cartógrafos, era su poder y sus ‘exigencias de verdad’ lo que estaba en juego” (Harley, 1991). No se debe pasar por alto que la controversia también ataca en profundidad la supuesta ‘imparcialiadad ciéntifica’ de cartógrafos y otros hombres de ciencia.

Lo que sí resulta algo extraño, o por lo menos chocante, es que en demasiadas ocasiones esta utilización argumental acaba siendo un lastre para la credibilidad global del mencionado ejercicio, fundamentalmente debido al uso y abuso de argumentos distorsionados (por no decir falsos), descontextualizados, mal utilizados o burdamente simplificados sobre proyecciones cartográficas, mapas, y también -por qué no decirlo- sobre Mercator y Peters.

Lo cierto es que, a día de hoy, el debate parece lo suficientemente agotado como para pretender aportar nuevos argumentos a favor o en contra del uso de cualquiera de las proyecciones cartográficas mencionadas. Aunque tal vez sí resulte interesante puntualizar algunos de estos argumentos para, por lo menos, ayudar a cualquier discurso contra-hegemónico a mantener cierto grado de rigurosidad argumentativa.

Y no nos referimos a pulir detalles del tipo de si se debe utilizar “proyección de Gall-Peters” en vez de “proyección de Peters”. Más bien, queremos modificar la manera de abordar algunas de las cuestiones de fondo, cosa que permitiría cambiar fácilmente el tono general de la argumentación, dándole una mayor fuerza y rigor. O por lo menos, nos permitirá dejar de utilizar algunas de las gastadas (y flojas) argumentaciones que se repiten, como consignas de obligada repetición, en los distintos documentos y foros de internet donde se trata la cuestión.

Precisamente porque queremos dotar de mayor fuerza argumentativa al discurso contra-hegemónico, nos proponemos fijar especialmente la atención en tres elementos, que pensamos útiles para el debate y que iremos analizando en posteriores entradas:

  • La nueva imagen del mundo… porque los tiempos cambian. La imagen del mundo que tenemos hoy ha cambiado enormemente respecto a la que se tenía, por ejemplo, en 1974.
  • El uso o no adecuado de las proyecciones cartográficas, porque no debería centrarse el debate en la proyección sino en el uso que se hace de ella o en la intención que se le atribuye al mapa.
  • La excesiva personalización del debate en torno a las figuras de Peters y Mercator.

Referencias:

HARLEY, J.B. La nueva naturaleza de los mapas. Ensayos sobre la historia de la cartografía. México: Fondo de cultura económica, 2005.

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Información geográfica minera

Información geográfica minera

En esta tercera y última parte completamos nuestra búsqueda de Información Geográfica para poder generar una capa minera del Cerrejón. Con ella y con la capa de Resguardos Wayúu generada en la anterior entrada ya se podrá hacer la superposición demandada o cualquier otro análisis espacial.

Nuevas cartografías en ‘Dia da Consciência Negra’

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Tengo que reconocer que esto del ‘día de…’ siempre levanta mis suspicacias. Hoy, sin ir más lejos, parece ser que es el GISday o día del SIG. Bueno, hay días para casi todo… Pero no es sobre GIS/SIG sobre lo que queremos tratar en el día de hoy. Más bien nos vamos para el Brasil, donde se celebra el Dia Nacional de Zumbi e da Consciência Negra.

Nuevos mapas de minería: radiografía minera

Nuevos mapas de minería: radiografía minera

Una de las temáticas que más interés ha suscitado en los usuarios y usuarias de geoactivismo.org (y mucho antes en Geographiando) ha sido el de los mapas sobre minería. Es más que probable que el secretismo y la opacidad que reinan en el sector minero tengan gran parte de la culpa de ello. Por eso, para poder hablar sobre minería, sobre mapas en general y sobre mapas de minería en particular, vamos a abrir una nueva serie cartográfica dedicada a este tema.

De drones y satélites

De drones y satélites

Satélites y drones son ya la tecnología militar del presente. Un breve repaso, en forma de mapas, a esta nueva estrategia militar estadounidense nos servirá de aperitivo para tratar, posteriormente, el tema en el resto de las Américas.

El descartografiado étnico del PNUD Panamá

El descartografiado étnico del PNUD Panamá

El silencio cartográfico del Atlas del PNUD-Panamá sobre pueblos originarios, comunidades negras y comunidades de descendencia asiática es tan pesado que se convierte en algo extremamente ruidoso… tan ruidoso que no deja apreciar las hipotéticas o potenciales virtudes del atlas.

Cartografiar y descartografiar

Cartografiar y descartografiar

Dos ejemplos, dos atlas, para reflexionar sobre el cartografiar o el descartografiar de los mapas. En un caso, podremos comprobar la potencia de la cartografía como herramienta política al servicio de la defensa de derechos y del bien común. En el otro, podremos sentir el pesado silencio de los mapas.

El TIPNIS en blanco y negro

El TIPNIS en blanco y negro

¿Sabes dónde está el TIPNIS?

¿No? Pues te invitamos a que le des un vistazo al siguiente mapa:

Mapa de Situación del TIPNIS en Bolivia

El único objetivo de este mapa es dar a conocer la ubicación del TIPNIS en Bolivia y mostrar el controvertido proyecto viario que lo pretende atravesar.

¿Y saben por qué está en blanco y negro? Por la sencilla razón de que este mapa está destinado a una publicación  en la que no se va a utilizar el color. En realidad debería hablar de escala de grises y no de blanco y negro, pero quería realzar el monocromatismo del mapa.

¿Se han dado cuenta de la cantidad de informes y publicaciones que incluyen mapas que no se pueden leer? Sí, me refiero a todos esos documentos en los que parece importante el rol del mapa, y por eso hay uno o varios mapas incluidos, pero están tan borrosos que no se distingue nada. Obviamente pierden todo su sentido y utilidad. Es algo así como poner en el texto que «según se observa en la fotografía», y luego cuando observas la fotografía no ves gran cosa porque sencillamente está borrosa. Con los mapas pasa exactamente lo mismo.

Las causas son bien diversas y tienen que ver con la incomprensión del papel del mapa dentro del texto, la baja resolución de exportación del propio mapa, que el mapa fue concebido en color y luego publicado a una tinta o simplemente que la persona que diseñó y montó la publicación no llegó a entender que un mapa borroso no sirve para nada, más bien al contrario, afea la publicación y ocupa un espacio que automáticamente se convierte en espacio no útil.

En una ocasión anterior, también pensando en cómo quedaría el mapa dentro de la publicación (y pensando también en que casi nunca se controla todo el proceso de edición) hice un mapa en color y con el propio SIG lo pasé a escala de grises. El resultado puede ser mejor o peor dependiendo de la complejidad del mapa, pero el original siempre está elaborado en color y eso se nota. Es habitual que la rica gama cromática utilizada en muchos mapas quede convertida en un amorfo conjunto de grises que no se distinguen entre sí. En el caso del mapa del TIPNIS la concepción se ha hecho ya de manera monocroma.

Y estamos tan acostumbradas a trabajar con SIG, y con toda la gama cromática, que organizar un mapa sólo utilizando blanco, negro y gris se convierte en una tarea mucho más complicada de lo que pueda parecer a priori. Al final, se trata de simplificar al máximo, dejar sólo lo relevante y volver a los fundamentos del lenguaje cartográfico (¡Buen ejercicio!). En este caso el problema era de confusión entre las líneas que marcan los límites del TIPNIS, los límites departamentales y la red viaria. Quería resaltar el TIPNIS e integrar la red viaria principal, para facilitar la comprensión de la importancia de las conexiones con el Brasil. Los limites departamentales no son importantes pero sí necesarios para ubicar bien el TIPNIS y entender la trama vial.

Tras unas cuantas pruebas y los comentarios del editor de la publicación (siempre importante contar con miradas externas!) puedo decir que me gustó el resultado final. Se consiguió un mapa limpio y sencillo, que sirve para ubicar el TIPNIS en Bolivia y además, ya avanza algunos elementos que permiten empezar a analizar el megaproyecto viario.

@Geographiando

La Conexión

La Conexión

«Todo lo de aquí es para afuera. Como el banano que diariamente cargan en lanchas para llenar los barcos fondeados en medio del golfo: directo a nuestras mesas del Norte. Nelson está entusiasmado con sus mapas, que se van tejiendo unos a otros y poniendo cara a las malas intenciones. Así los desplazados abren los ojos y entienden como nadie. Los mapas son su vida.» (C. Beristain)

Mercaderes de muerte

Mercaderes de muerte

No se puede entender la violencia que azota las grandes urbes americanas sin pensar en el lucrativo comercio de las armas pequeñas. Unos ganan millones de dólares y otros miles de muertos. La proliferación de armas pequeñas de guerra y hombres armados se ha convertido en paisaje habitual de las grandes ciudades del continente.

El mapa es un artefacto político

El mapa es un artefacto político
El mapa es un artefacto político #0

¿Penn-Ar-Bed (bretón) o Finistère (francés)? ¿Principio del mundo o fin del mundo? La toponimia (como la historia) siempre la escriben los conquistadores.

Será porque en estos días me encuentro ni más ni menos que en el fin del mundo, que a este primer geographiando en Otramérica le ha salido un titular tan filosófico.  Y de los varios ‘Fines del Mundo’ que podemos encontrar en el Planeta, les escribo concretamente desde el Finistère, topónimo francés derivado del latín Finis Terrae.

Para los romanos éste (o el Fisterra gallego) era el final de la tierra y de ahí su nombre actual. Para la mentalidad imperial romana era el final de las tierras controladas o conocidas y por eso era indiscutiblemente el fin del mundo, más allá sólo podían habitar monstruos y bárbaros. Curiosamente, lo que para los invasores y conquistadores romanos era el final, o la cola de su imperio, para los invadidos bretones era (y continua siendo actualmente) todo lo contrario, el lugar donde comienza el mundo, el Penn-Ar-Bed o cabeza del mundo.

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                                                                          Penn-Ar-Bed

Y es que el nombre de los lugares no es un asunto cualquiera. La denominación de un lugar puede llegar a adquirir una connotación cultural, ideológica, religiosa o política muy profunda. La toponimia puede convertirse en campo de batalla en las guerras lingüísticas o lucha cotidiana en la relación forzosa entre colonizadores y colonizados.

Con los mapas sucede lo mismo. Se pueden desatar auténticas guerras cartográficas en las que los topónimos son el primer arma arrojadiza que antecede a los verdaderos protagonistas, los límites que marcan las soberanías. El arte cartográfico ha estado siempre íntimamente ligado con el aparato ideológico del Estado, sin duda debido a su gran poder simbólico.

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                                                                    Simbólico ¿cierto?

Un ejemplo paradigmático y muy actual de esto lo podemos encontrar en el mapa oficial de la República Argentina. Si hay algo que cristaliza la expresión de soberanía nacional argentina es el mapa bicontental. Es más, el Estado argentino tiene leyes relativas a cómo se debe representar el territorio argentino (ver por ejemplo Atlas No Avalado (IGN)). Esto significa que un mapa que controvierta al oficial se convierte en ilegal en Argentina ya que puede ser «lesivo a la Soberanía Nacional y en clara violación a la Ley de la Carta (Ley Nº 22.963)»(IGN).

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                                              Mapa oficial de la República Argentina

Pero en el mapa oficial se incluyen territorios sobre los que el Estado argentino no tiene actualmente ningún control soberano, unos por estar actualmente regulados bajo el Tratado Antártico y otros por estar ocupados militarmente por el Reino Unido. No obstante esto, en el mapa argentino no se recurre a ninguna de esas fórmulas de compromiso, tipo ‘territorio reclamado o en disputaque se suelen utilizar en situaciones de conflicto territorial,sencillamente, se declara que las islas Malvinas, y otras islas meridionales, junto a una porción antártica son argentinas. Por supuesto, aquí no estoy debatiendo ni cuestionando la soberanía territorial de la Argentina. Tan sólo me pregunto sobre el significado de su mapa oficial en particular y sobre los mapas en general.

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  Mapa oficial de la República Argentina

Y es que llegados a este punto, ¿cómo podemos no hacernos preguntas?

¿Por qué poner en el mapa que este sector de la Antártida es de soberanía argentina si hay un tratado internacional que tiene «congeladas» las soberanías sobre tierras antárticas? ¿Será que esta imagen convencional, o sea el mapa, servirá de algo en el momento en que algunos Estados decidan repartirse el helado continente y sus golosos yacimientos mineros?

Tal vez podamos avanzar algunas respuestas, pero por el momento, lo que queremos es poner las preguntas. ¿Qué representan los mapas? ¿Qué tan reales son? ¿Mienten los mapas? ¿Al servicio de quién o qué están?  En las próximas entradas seguiremos tratando estas cuestiones y, aunque no sea estrictamente necesario leer a Brian Harley para poderlo hacer, ¡es altamente recomendable!

Guerras cartográficas

En el mundo, existen casi tantas guerras cartográficas como áreas en disputa o conflictos territoriales no solucionados (o arreglados de manera insatisfactoria para alguna de las partes contendientes).  Por ejemplo, basta con contemplar la cartografía de Cachemira, desde los diferentes puntos de vista indio, paquistaní o chino, para apreciar la variedad de formas con la que se puede visibilizar oficialmente la postura política de un Estado frente a un conflicto territorial (sea éste armado y activo, latente o larvado).

Un sencillo mapa, aparecido en un artículo periodístico o en un noticiero televisado, que comete el ‘pecado’ de no respetar la ortodoxia cartográfica oficial de algún Estado, suele acabar provocando numerosos exabruptos y desaforados gritos patrióticos; algunas veces va más allá, provocando contundentes quejas diplomáticas; y en el peor de los casos puede finalizar con el perverso ruido de sables.

Las Américas no son ajenas a estas guerras de mapas. Por poner algunos de los ejemplos más conocidos, se pueden mencionar los casos de Ecuador-Perú, Bolivia-Chile-Perú, Argentina-Reino Unido o Venezuela-Guyana.

Fidel                                                                                                                                                                                El mapa es una artefacto político 1→

100 mapas y 100.000 visitas

100 mapas y 100.000 visitas

Ya son 100  los mapas que están disponibles en Geographiando!

Y ya superamos las 100.000 visitas a nuestro sitio, concretamente el pasado día 20 de marzo. Estamos muy contentos con esta cifra, nada despreciable para un sitio con las características tan específicas de Geographiando. Y hemos querido celebrarlo con la subida del mapa nº 100…

Pero, para celebrar ¿qué mejor que hacer primero un brindis con ustedes?

No, no hacemos publicidad del vino… es que la etiqueta con mapa se brindaba para este brindis.

Fidel

Esos 100 mapas y unos cuantos más están ahora alojados y disponibles aquí, en geoactivismo.org

Nota de 2019: ya tenemos como 450 mapas, aunque no todos figuran actualmente en las galerías de mapas… en noviembre 2019 estamos en proceso de seleccionar los que quedarán como parte del repositorio de Geoactivismo