CARTOGRAFÍAS DE LA NECROPOLÍTICA: MAPEAR LA VIOLENCIA POLÍTICA Y LA REPRESIÓN 

2. Mapear la desaparición forzada

Por FIDEL MINGORANCE

Texto publicado el 05 de junio de 2026 | Actualizado 09/06/2026

¿PODEMOS MAPEAR LO QUE NO SABEMOS DÓNDE ESTÁ?

Un mapa →M te va a resultar especialmente útil para poder responder cuestiones relativas al dónde. Preguntas como ¿dónde estoy?, ¿dónde está tal persona?, ¿dónde está tal lugar?, ¿dónde ocurrió tal cosa?, ¿dónde vieron a tal persona?, ¿cómo puedo ir del lugar A al lugar B?, ¿qué trayecto utilizó o por dónde fue para llegar desde A hasta B? y otras del mismo estilo pueden ser respondidas con o a partir de mapas. No es algo demasiado remarcable o extraordinario porque hace parte de su naturaleza intrínseca.

De hecho, entre las principales funciones o características de los mapas [el mapa como instrumento, artefacto o herramienta] destacan sin duda la de geolocalizar o ubicar objetos, sujetos o eventos y la de indicar itinerarios, trayectos o rutas en el espacio geográfico. Pero también los mapas [el mapa como construcción social] «como representaciones y como espacios de poder-saber» (Crampton, 2001, p. 236) son dispositivos ideales para la representación geolocalizada de fenómenos o eventos políticos, sociales, culturales o económicos que acontecen en el Territorio →T.

Sin embargo, el fenómeno o evento criminal de la desaparición forzada de personas resulta particularmente difícil de mapear, debido fundamentalmente a la naturaleza del crimen y a la impunidad de la que se alimenta. La desaparición forzada es un crimen especialmente espacial o espacializado ya que las víctimas son literalmente borradas del mapa. Son borradas del espacio físico y geográfico, del espacio familiar, social, político y jurídico… son borradas del espacio de los vivos y del espacio de los muertos y hasta del tiempo. Además, la desaparición forzada aspira a ser un crimen perfecto donde no hay cuerpo del delito… y si no hay cuerpo, tampoco hay crimen ni criminal, aunque sí un sistema represor con engrasados mecanismos de impunidad.

¿Acaso podemos ponerles coordenadas y ubicar en un mapa a todas esas personas que no sabemos dónde están?

Desgraciadamente a una gran mayoría de ellas no porque a día de hoy no sabemos dónde están. Pero hay una pequeña parte que sí podemos geolocalizar y poner en el mapa con un alto grado de exactitud. Por un lado tenemos a aquellas pocas víctimas que, por distintas y variadas coyunturas, sobrevivieron al delito y aparecieron vivas. Por otro, tenemos a aquellas otras víctimas cuyos cuerpos, habitualmente desaparecidos, torturados y asesinados, fueron encontrados.

Las víctimas supervivientes son un porcentaje ínfimo del total de las desapariciones forzadas, pero han podido aportar gran y valiosa información sobre el engranaje desaparecedor de los perpetradores del crimen (agentes del Estado o grupos paramilitares en connivencia con estos según la definición internacional del crimen) y sobre los lugares →L de la desaparición.

Así, por ejemplo, el testimonio de Álvaro René Sosa Ramos, tras sobrevivir a la detención-desaparición, a torturas y a una ejecución extrajudicial en grado de tentativa (recibió 3 impactos de bala en su huida), permitiría mapear su desaparición forzada el 11 de marzo de 1984 en Ciudad de Guatemala. Ese cartografiado podría incluir desde el lugar de la detención hasta el momento en que sale exiliado a Canadá el 21 de ese mismo mes de marzo, incluyendo también el centro clandestino de detención en el que fue torturado, el lugar de su fuga y su refugio en la (antigua) Embajada de Bélgica, el hospital donde fue atendido (bajo protección diplomática) y el aeropuerto rumbo al exilio.

Ficha Y-87 del «Diario Militar», p. 25.

Este tipo de cartografías pueden elaborarse también para las víctimas que fueron encontradas muertas. El lugar de la exhumación del cuerpo pone en el mapa a la víctima desaparecida y asesinada, que tras la posterior identificación genética o contextual puede ser, por fin, entregada a sus familiares para que le den un entierro digno, acorde a sus creencias y puedan comenzar a cerrar sus procesos de duelo. Como puede apreciarse en la siguiente ortofoto georreferenciada (Carrión, 2026, p.67) ↓, finalmente podemos llegar a conocer las coordenadas exactas de la ubicación de los cuerpos detenidos-desaparecidos y ejecutados extrajudicialmente… ¡incluso 88 años después como en el caso de Eloísa!

↑ Ortofotografía de la fosa 6 del barranco de Víznar (Granada) con los restos de 12 mujeres asesinadas y arrojadas en la fosa por los fascistas el 6 de octubre de 1936 (Carrión, 2026, p.67). Subrayados en negro los restos genéticamente identificados de Eloísa Martín Cantal

Esto nos posibilita mapear la desaparición forzada y ejecución extrajudicial de Eloísa Martín Cantal. En ese mapa podría simbolizarse el nº1 de la calle Navarrete de la ciudad de Granada, donde 6 o 7 hombres armados irrumpieron el 7 de septiembre de 1936 para detener a su hermano mayor y al no encontrarlo llevarse a la joven de 19 años «en sustitución». Seguidamente podría marcarse en el mapa el convento de la Cuesta de San Gregorio en el Albaicín, que los golpistas habían convertido en cárcel de mujeres, donde la llevaron detenida. Tras su paso más que seguro por el puesto de mando de Falange Española en el Palacio del Cuzco del municipio de Víznar, y tal vez con la habitual parada en la Colonia de Víznar (ambos lugares podrían incluirse en el mapa), fue ejecutada extrajudicialmente de un tiro en la cabeza el 6 de octubre de 1936 en las coordenadas exactas donde su cuerpo fue exhumado por el equipo multidisciplinar de la Universidad de Granada en 2022 e identificado genéticamente en 2024. Equipo, que por cierto, ha exhumado 194 cuerpos (40 mujeres y 15o hombres) en las 29 fosas localizadas e intervenidas en el barranco de Víznar. Además, podría señalarse un último lugar en el mapa para representar el acto de homenaje y la entrega de sus restos a su hermano menor (tenía 3 años cuando se la llevaron) el 04 de enero de 2025 en el Ayuntamiento de Víznar (Granada).

Cualquier atlas →A o cartografía →C de la desaparición forzada debería tener tantos mapas como personas han sido desaparecidas… porque restituirlas simbólicamente a todas en el espacio geográfico es ayudar a desborrarlas del mismo. Y esos son mapas como los de Álvaro René y Eloísa. Unos mapas para los que puede resultar óptimo utilizar técnicas y formatos de mapeo web. Sin embargo, para la mayoría de las víctimas no podemos elaborar este tipo de microcartografías porque no sabemos qué les pasó ni dónde están. A día de hoy continúan desaparecidas… aunque, eso sí, en la mayoría de los casos conocemos dónde se cometió el crimen. Un dónde que para la mayoría de los delitos no es un lugar concreto georreferenciado sino una unidad geográfico-administrativa (o unidad político-administrativa o unidad territorial estadística) como el municipio, el departamento o provincia, etcétera…

Podemos cartografiar el crimen de la desaparición forzada y así mapeamos indirectamente a todas las víctimas. Por otro lado, para aquellas víctimas que sí sabemos dónde están pueden elaborarse mapas dedicados

Así, mapear el crimen nos permitirá poner en el mapa a las víctimas, ya que aunque no cartografiemos dónde están (por desconocerlo) sí podemos cartografiar dónde las desaparecieron, o sea, dónde se cometió el delito. Como veremos más adelante, no es lo mismo mapear un evento (un crimen en este caso) que mapear personas (víctimas), pero puede ser algo bastante relevante ya que se trata del último lugar conocido dónde se las vio vivas o dónde existe algún tipo de registro o evidencia de su detención. Mapear ese último lugar conocido de las personas que fueron desaparecidas forzadamente nos permite poner en el mapa a (casi) todas las víctimas registradas.

Ya señalábamos anteriormente que en este crimen se quiere o pretende borrar el delito, la víctima y al perpetrador o victimario. Está implícito en su naturaleza criminal no dejar rastros ni registros. Por eso, un mayor o menor subregistro del crimen siempre está presente en cualquier registro de víctimas y siempre debe considerarse. Ignorar, obviar o no tener en cuenta el subregistro no solo sesga los datos, y por ende la cartografía, sino que implícitamente (aunque sea de forma involuntaria o incluso ignorada) se está ayudando en la generación de impunidad. En todos los casos no registrados, en todos los casos que quedan fuera del mapa, los criminales ganan, dejando impunes sus crímenes y consiguiendo su objetivo de borrar a sus víctimas de la faz de la tierra.

Con el registro y el subregistro de las víctimas obtenemos el universo de las víctimas de la desaparición forzada. Conocer este universo es imprescindible para combatir el crimen o para generar políticas públicas que promocionen la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Los mapas son una excelente herramienta para mostrar la magnitud del crimen y para poder ilustrar dinámicas y contextos tanto del crimen como de víctimas y victimarios individualizados.

Llegados a este punto podemos comenzar un ejercicio de mapeo de este crimen en la próxima sección. Como ejemplo práctico vamos a cartografiar la desaparición forzada en Colombia paso a paso.

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