CARTOGRAFÍAR DE LA NECROPOLÍTICA: MAPEOS Y CONTRAMAPEOS DE UNA GEOGRAFÍA QUE NUNCA JAMÁS DEBERÍA ACONTECER
4. Mapeado del universo de víctimas (Paso 1)
Texto publicado el 10 de junio de 2026 | Actualizado 21/06/2026
PASO 1: MAPEADO DEL UNIVERSO DE VÍCTIMAS
Como vimos anteriormente, el primer paso de nuestro cartografiado de la desaparición forzada pasa siempre por mapear la magnitud del crimen, lo que conocemos como universo de víctimas. Para ello vamos a elaborar un primer mapa estático en formato imagen y vamos a reflexionar las posibilidades de hacer el mismo en formato dinámico y en línea en Internet. Obviamente puede haber tantos mapas como hacedores de mapas y este es solo uno entre todos los posibles.
Lo primero, el mapa base o fondo del mapa
Como base cartográfica se ha elaborado un fondo de mapa con muy pocos elementos, apenas la silueta de los Estados con sus correspondientes topónimos. En este tipo de mapas no vamos a necesitar elementos supérfluos que nos recarguen o ensucien la composición del mapa →M. Para otros mapas, como en algunos mapeos de territorialidades indígenas, ni siquiera se ha incluido las fronteras y su toponimia… pero en este parece interesante o importante que queden representados los Estados porque la desaparición forzada es un crimen de Estado.
Con el mapa de localización (en la parte superior derecha), las fronteras y el etiquetado con el nombre de cada país quedarán satisfechas perfectamente las referencias de orientación del mapa. No es necesario incluir capitales, ciudades, carreteras o ríos porque realmente no van a aportar nada ni para la comprensión del mapa ni para la temática mapeada. Y, por supuesto, nada de retículas ni coordenadas por los márgenes…
Ahora incluyamos los datos del universo de víctimas
El tapizado gris semitransparente que cubre toda la superficie terrestre no es casual. Los tonos grises que marcan la noche y niebla (el «Nacht und Nebel» nazi) serán predominantes en toda esta serie cartográfica.
Tras una necesaria reflexión y después de tener claro qué queremos contar en nuestros mapas, [porque básicamente es eso lo que vamos a hacer, contar o explicar cosas con mapas]; buscar los datos →D necesarios y pertinentes; revisarlos, entenderlos y procesarlos [porque no vamos a mapear datos sino información]; ya podemos empezar a imaginar cómo vamos a incorporarlos y simbolizarlos en nuestro mapa. Todo ese trabajo de búsqueda y procesado de los datos suele ser la parte más larga y laboriosa de cualquier mapeo. Pero aunque sea la fase del trabajo menos visible, no por ello es la menos importante.
Para llevar al mapa el universo de víctimas podemos utilizar el resultado del ejercicio de integración de datos y estimación estadística del proyecto conjunto JEP-CEV-HRDAG. Más concretamente, podremos utilizar la última versión actualizada de los datos (V2, 2025). En la siguiente galería de imágenes podrás acceder a las distintas páginas web donde consultar las metodologías empleadas y descargar los datos (basta con hacer clic sobre cada imagen).
Tras la vinculación de registros de 112 bases de datos de 44 fuentes («lo observado») y la imputación estadística de campos faltantes («lo imputado», o sea, completar esos campos faltantes con tratamiento estadístico), HRDAG calculó un estimado estadístico de entre 169.711 y 181.572 víctimas de desaparición forzada vinculadas al conflicto armado y durante el periodo 1985-2016. Dentro de ese rango, el número de víctimas más probable, con un 95% de credibilidad, sería de 175.384 personas desaparecidas forzadas («lo estimado»).
En un primer momento, vamos a poner en el mapa a esas 175.384 personas. Esto significará que se han incluido todas las víctimas, incluso aquellas que no están registradas (¡el subregistro de víctimas!). Vale la pena recalcar e insistir en que finalmente no son todas las víctimas de desaparición forzada en Colombia sino aquellas vinculadas al conflicto armado y en el periodo temporal entre 1985 y 2016, fecha del acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP [esperamos próximamente incluir también las víctimas no vinculadas al mencionado conflicto armado y en las fechas excluidas].
Este no es nuestro mapa final, es un mapa intermedio. Sin embargo es importante señalar que no es ningún borrador de mapa, es un mapa completo y acabado con todos sus elementos. Es un mapa que, además, incluye elementos pedagógicos importantes y que puede utilizarse perfectamente de forma individual e independiente de nuestro siguiente mapa, en el que -tal y como se señala dentro del propio mapa– cambiamos los puntos por iconos representativos:
Podemos garantizar que en los mapas anteriores hay 175.384 puntos en uno y 175.384 iconos en el otro. Es más, vamos a explicar cómo se han metido dentro del mapa y dentro de Colombia. Pero no solo eso, vamos a explicar también porque se ha elegido esa iconografía, esos colores, esos textos y otros elementos del mapa. Con eso va a ser mucho más fácil entender de manera práctica algunos de los conceptos tratados en las secciones anteriores (y evitar así que finalmente resulten demasiado abstractos, especialmente en todo lo relativo a la ética de los mapas). Para hacer este ejercicio se van a señalar sobre el mapa cada uno de los elementos y explicar su sentido, sus características o la metodología empleada. Puedes acceder haciendo clic sobre la correspondiente imagen (↓).
Mapeemos también el subregistro
De igual forma que se ha mapeado el universo de víctimas puede hacerse la cartografía →C del subregistro. Tras poner en el mapa a todas las víctimas de desaparición forzada vinculadas al conflicto armado (1985-2016) podemos hacer excatamente lo mismo con todas aquellas que ni siquiera están registradas.
Ya nos referimos anteriormente a la importancia de considerar el subregistro. Por un lado para no sesgar los datos y, por otro, para no abonar o colaborar con los mecanismos de impunidad. Cada víctima no registrada es un éxito para los criminales desaparecedores que, por supuesto, seguirán desapareciendo personas porque su crimen es borrado una y otra vez. Al fin y al cabo ni siquiera están registradas ni la víctima ni el delito ni obviamente el victimario. Las víctimas no registradas son las desaparecidas entre las desaparecidas. Esta es una de las razones fundamentales para devolverlas al espacio geográfico del que las quisieron borrar… aunque sea política y simbólicamente a partir de un mapa.
Tal y como puede apreciarse en el mapa superior (↑) [¡nos gusta contar cosas en los mapas y con los mapas! Nos gusta que nuestros mapas hablen, comuniquen, informen, interpelen…], para calcular el subregistro le hemos sustraido al global de las víctimas estimadas aquellas que están registradas. Tras esta sencilla operación aritmética obtenemos un total de 66.249 personas no registradas («estimado» – «observado» = «no-registrado o sin registro íntegro»). Con lo «observado» HRDAG se está refiriendo al conjunto de víctimas de desaparición forzada (en el marco del conflicto armado entre 1985 y 2016) de las que se tiene un registro con todos los datos completos (nombre, apellidos, fecha de la df, etcétera), después de haber cruzado las 112 bases de datos de las 44 fuentes gubernamentales y no gubernamentales utilizadas. Si utilizamos, en cambio, el número de víctimas imputadas estadísticamente (o sea, aquellas cuyos registros tenían algún.os campos faltantes -un apellido, si era hombre o mujer, el municipio donde se perpetró la df, etcétera- y se han completado estadísticamente) obtendremos un subregistro menor de 56.394 víctimas. Estas son las víctimas que no aparecen en ninguna de esas 112 bases de datos integradas.
Haciendo nuestro uno de los argumentos que utiliza HRDAG (por ejemplo, Ball o Gargiulo, 2026), si únicamente mapeamos las 108.935 víctimas individual y plenamente identificadas que figuran en los diferentes registros existentes estaríamos haciendo una cartografía de la capacidad (o más bien incapacidad) estatal y no gubernamental de registrar el crimen en complejos contextos de violencia armada y terrorismo de Estado, pero no de lo que realmente aconteció en el «mundo real», en la vida cotidiana de tantas y tantas familias. Por el contrario, argumentar que los datos registrados son el único universo «real», medible y utilizable es brindar a los Estados la excusa de inacción y borrado perfecta: -¿Ese número de casos conseguiste registrar? Pues esos son los desaparecidos. «¿Te enteraste de 108.935?, ¿pudiste probar 108.935?, entonces hay 108.935» (parafraseando a Kohan, 2017, que lo hace con la cifra documentada en Argentina).
¿Podemos hacer estos mismos mapas en versión digital dinámica?
Efectivamente, pueden realizarse versiones digitales de estos mapas. De hecho, un mapa simbólico como el de los 108.935 iconos puede adquirir un sentido genuínamente performativo al dinamizarse en versión digital. En este caso aprovechamos del efecto que produce el cambio de simbolización (puntos por iconos) en el SIG →S para ilustrar el verso del poeta Chucho Peña, también detenido-desaparecido, en el que expresa que «son tantos día a día los que simplemente no aparecen, que un día no cabrán en el subsuelo y brotarán y cubrirán todo ese territorio». Ese poético y desgarrador brotar del subsuelo queda perfectamente recogido por ese brotar de los iconos durante el procesado gráfico y cartográfico en el software SIG, tal y como lo recoge la videocartografía elaborada por Erik Arellana Bautista.
Videocartografía de Erik Arellana donde se recoge el universo de víctimas JEP-CEV-HRDAG (V1, 2022).
Sin embargo, a priori no parece tan interesante su elaboración en un mapa web, ya que el consumo de recursos del servidor y el tiempo de carga necesario para visualizar 108.935 iconos sobre el mapa seguramente lo desaconsejen para geoactivismos →G de recursos limitados. No obstante, la posibilidades que ofrece la visualización de datos (no exclusivamente cartográfica) en la web multiplica enormemente las capacidades de comunicación simbólica y performativa. Mira, por ejemplo, la Cartografía de la Ausencia (Piña y Reguillo, 2025) donde al hacer clic sobre cada uno de los puntos del mosaico de luciérnagas puedes visualizar a una persona desaparecida en el mexicano estado de Jalisco.
En nuestro paso nº 2 vamos a ir pasando de un mapeo más simbólico a uno más analítico y también vamos a ir intercalando las escalas geográficas.
5. De los mapeos simbólicos a los mapas analíticos →




