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EXTRACTIVISMO

La definición más completa y formal seguramente sea la que ofrece Gudynas en el sitio del CLAES dedicado al extractivismo [extractivismo.com] y en muchos de sus textos dedicados al tema.

EXTRACTIVISMO (1): “el extractivismo es aquí definido como un tipo de extracción de recursos naturales, en gran volumen o alta intensidad, y que están orientados esencialmente a ser exportados como materias primas sin procesar, o con un procesamiento mínimo” (GUDYNAS, 2013. La definición data de 2008).

Según esta definición, insiste Gudynas, ”los extractivismos siempre deben cumplir simultáneamente tres condiciones: un alto volumen y/o intensidad en la extracción, ser recursos sin procesar o con escaso procesamiento, y donde se exportan el 50% o más de esos recursos. No basta que cumpla con una o dos de ellas, sino que deben encontrarse las tres al mismo tiempo” (GUDYNAS, 2015).

Uno de los énfasis de esta definición reside en que el destino de la extracción es la exportación. Este rasgo del extractivismo nos permite entenderlo e insertarlo perfectamente en la economía colonial del capitalismo hegemónico, ya que “la materialidad de los extractivismos es siempre local, pero de todos modos su organización social y económica están directamente afectados por factores globales, como las inversiones, precios o demanda internacionales. Esto hace que las capacidades que tienen las comunidades locales, e incluso de los gobiernos, para regular los extractivismos sean mucho más limitadas a las que se pueden ejercer, por ejemplo, sobre las extracciones para uso local o nacional”. (GUDYNAS, 2015).

Este es sin duda el rasgo fundamental del extractivismo desde una perspectiva espacial o geográfica. No obstante, cuando nos movemos a escalas intra-estatales, una acotación espacial demasiado rígida puede limitarnos su uso. El concepto de exportación está asociado al territorio nacional y a la contabilidad económica estatal, lo que deja por fuera del extractivismo, entendido así, algunas situaciones que sí creemos que ameritan de ser calificadas como de extractivistas (¿acaso, en determinados contextos, “extraer” en la Amazonia o en las tierras bajas para transformar o comercializar en los centros andinos no puede considerarse como una “exportación”? El sistema colonial es básicamente el mismo y las fronteras podrán no ser estatales, pero sin duda fronteras son -cultural, social, política y económicamente consideradas-…). Si bien la conceptualización que hace Gudynas no es rígida (de ahí lo de “orientados esencialmente”, que da cabida también a otras situaciones menos usuales) nos parecía útil abrir un tanto el concepto y en Censat Agua Viva encontramos los matices y el lenguaje que buscábamos para completar nuestra glosa.

EXTRACTIVISMO (2): “se refiere a los medios para ‘extraer’ de la naturaleza componentes esenciales para el equilibrio de la misma: agua, nutrientes del suelo, hidrocarburos, energía, biomasa, entre otros. Dicha extracción está determinada por criterios de explotación y no de aprovechamiento; está orientada a acumular capital, es decir, a satisfacer el principal objetivo del sistema capitalista. Consecuencia de lo anterior es no establecer ni respetar principios, límites o cantidades de lo que se quiere extraer. Ese carácter es lo que diferencia al extractivismo del uso que pueblos y comunidades locales hacen del patrimonio natural existente en sus territorios.” (CENSAT, 2014).

Si ponemos el énfasis en la estructura sistémica de esta economía de extracción, podremos estar fácilmente de acuerdo con Zibechi, para quien “la economía extractiva, de conquista, robo y pillaje, es apenas un aspecto de una sociedad extractiva, o una formación social extractiva, que es la característica del capitalismo en su fase de dominio del capital financiero. Más allá de los términos, interesa subrayar que vivimos en una sociedad cuya cultura dominante es de apropiación y robo” (ZIBECHI, 2016).

En esa línea, se puede afirmar que “la violencia en el extractivismo ya no expresa ocasionales accidentes, sino que es componente esencial y propio” (GUDYNAS, 2016). Porque la violencia es inherente al modelo colonial extractivista, siendo “un elemento consustancial del extractivismo, un modelo bio-depredador por excelencia. Hay violencia desatada por el Estado a favor de los intereses de las empresas extractivistas, sobre todo transnacionales. Violencia camuflada como acciones de sacrificio indispensable de unos pocos para asegurar el bienestar de la colectividad, independientemente de la orientación ideológica de los gobiernos.” (ACOSTA, 2011).

Violencias, conflictos socio-ambientales, megaproyectos, zonas de sacrificio, economías de enclave, son algunos de los elementos característicos que se repiten en esta “geografía de la extracción” (SVAMPA, Maristella) que encontramos actualmente a lo largo y ancho del planeta.

Imagen: Vanessa Cárdenas: Angie Vanessita

Referencias:

Acosta, A. (2011). “La maldición de la violencia. Extractivismo al desnudo”. Extractivismo. Conceptos y tendencias. Recuperado de http://extractivismo.com/2011/10/la-maldicion-de-la-violencia-extractivismo-al-desnudo/

Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia (2014). Extractivismo, conflictos y resistencias. Bogotá: Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia. Disponible en http://censat.org/es/publicaciones/extractivismo-conflictos-y-resistencias/

Gudynas, E. (2013). Extracciones, Extractivismos y Extrahecciones. Un marco conceptual sobre la apropiación de recursos naturales. Observatorio del Desarrollo, 18. Disponible en http://extractivismo.com/wp-content/uploads/2016/06/GudynasApropiacionExtractivismoExtraheccionesOdeD2013.pdf

Gudynas, E. (2015). Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza. Cochabamba: CEDIB.

Gudynas, E. (2016). Guerras extractivistas en Bolivia. Acción y reacción. Recuperado de http://accionyreaccion.com/guerras-extractivistas-en-bolivia/

Zibechi, R. (2016). “El extractivismo como cultura”. La Jornada en línea. Recuperado de http://www.jornada.unam.mx/2016/10/14/opinion/020a2pol